La tele, antes y después de J.J.
Seguimos con la sección Grandes Creadores de TV, que actualizo cada vez que se me ocurre. Hoy le toca el turno a un muchacho que hace ya muchos años que está haciendo las cosas muy bien.
Jeffrey Jaco Abrams
“Siempre hago lo que me gustaría ver. No pienso en lo que pueda tener éxito en el público, sino que produzco lo que siento; porque, en el fondo, yo también soy parte del público”. (J.J. Abrams)Una de las cosas que más le gustan a Jeffrey Jaco Abrams —de aquí en adelante J.J.— es armar personajes verosímiles y reales, luego minarles el camino con situaciones extraordinarias, abandonarlos en tramas laberínticas y dejar que ellos solitos encuentren la salida –su destino-, que nunca será a través del camino convencional.
A pesar de que sus detractores –no muchos, por cierto- lo critiquen por complicar y llevar las tramas a niveles demenciales, e incluso ridículos, desde el inicio de su carrera J.J. demostró un interés genuino por llegar a la mayor cantidad de gente posible, aunque no por ello se muestre dispuesto a pagar cualquier precio. Su convicción se basa en que el espectador no pondrá barreras para creer en una historia, por más fantasiosa y extraña que ésta sea, siempre y cuando crea en los personajes.
Totalmente de acuerdo. No hay ninguna duda al respecto. Aunque a esta
altura de las circunstancias surge una pregunta inevitable que se
impone por sí misma, y que va más allá de la verdad de los personajes:
¿tiene J.J. previsto un final para la increíble y aún más extraordinaria
trama de Lost?
“El de la tele es un negocio acostumbrado a hacer y deshacer lo que ya existe. Hay quienes creen que lo conocido es más fácil de vender. Y a mí, por el contrario, me gusta abrir nuevos caminos”. (J.J. Abrams)La respuesta, como no podía ser de otra manera, es afirmativa. El final de la serie ya está escrito. Lost concluye para siempre en el 2010, y la cadena ABC ya aceptó el capítulo que cierra la sexta y última temporada. Por lo tanto no resta otra cosa que relajarse, y disfrutar.
Acerca de J.J.
Este muchacho de pelo crespo, lentes de aumento y cara de niño eterno con síndrome de Peter Pan, nació en Nueva York el 27 de junio de 1966, pero se crió en Los Angeles, escenario más que propicio para encarrilar sus inquietudes artísticas.
Los datos de su biografía lo presentan como alguien de espíritu inquieto y multifacético: productor, escritor, actor y compositor de la música de sus propias series, además de director de cine y televisión. J.J. es uno de esos afortunados que, desde pequeños, tuvieron en claro cuál era su vocación y su destino.
Al parecer, sus gafas no son tanto producto de copiosas lecturas nocturnas —como sucedía con los creadores de otros tiempos—, sino más bien de interminables sobredosis de rayos catódicos en sus horas impúberes, un rasgo generacional que comparte con millones de personas que, igual que él, crecimos y nos formamos viendo la tele.
A este dato, y al hecho de haber nacido en un ambiente propicio para desarrollar su vocación –su padre era productor televisivo- se le suma la fascinación temprana que experimentó por The twilight zone (La dimensión desconocida), que ahora sabemos hasta qué punto influyó en su carrera.
Sin ir más lejos, los títulos de crédito de Lost pretenden ser una especie de homenaje a esta serie.
En la adolescencia, trabajó a cuatro manos con un amigo en el tratamiento de un guión que no mucho más tarde se convertiría en película. Se trata del film Taking Care of Business, que al poco tiempo de haber sido escrito fue protagonizado en la pantalla grande por el actor James Belushi.
Si bien para lograr este objetivo tuvo que golpear la puerta de varios productores, una vez alcanzado el éxito las cosas comenzaron a resultarles más sencillas y felices. Así, de manera veloz, y como por un tubo, el muchacho se fue consolidando como guionista.
A esta primera película le siguieron otras, hasta que finalmente en 1998 se inició en la tele con la serie Felicity, creada, guionada y producida por él: un éxito rotundo que se mantuvo en pantalla a lo largo de cuatro temporadas.
Con el impulso de esta historia J.J. armó su propia productora, la ahora célebre Bad Robot. Luego llegó su segunda y también aclamada serie Alias, y tras ella la genial, y fuera de serie, Lost; la saga más adictiva de la tele que va por el inicio de su quinta temporada.Hiperquinético, y en pleno éxito de Lost, J.J. no dudó en desprenderse de su criatura más exitosa para ponerse a trabajar en una nueva serie, a la que bautizó con el nombre de Fringe. Su propósito inicial fue contar una historia de ciencia ficción que se pudiera ver sin necesidad de seguir cada capítulo a rajatabla, al mejor estilo ER, aunque salvando las diferencias.
“La verdad es que mi implicación en Lost es mínima. Ahora son otros quienes la llevan. Sin embargo, con Fringe estoy cada día. Es mucho trabajo, pero también es un proyecto que me encanta”. (J.J. Abrams)Libertad en la pantalla pequeña
J.J. no duda de que los grandes creadores de la actualidad están explorando su mismo campo: la televisión, a la que le reconoce la virtud fundamental —si se la compara con el cine— de ofrecer mayor libertad para la experimentación.
—La ventaja que tiene la tele es que permite probar —dice J.J. Abrams—, contar historias más largas y desarrollar personajes. En el cine, por ejemplo, no tienes tiempo. Por eso el reto más importante para mí es hacer historias imposibles, pero que a la vez sean creíbles. Aunque a veces, es cierto, resulten un poco enrevesadas.
Así de simple es su receta. Y lo cierto es que, hasta ahora, no le ha ido nada mal.