« Roger Federer quiere su biopic
Cate Blanchett será la enamorada de Robin Hodd »


Lo negro mola

Los biopics sobre leyendas del mundo de la música siempre han inspirado a las mentes bienpensantes de Hollywood. Biografías, más o menos falseadas y en exceso suavizadas, tal y como se apreció últimamente en las que hacían referencia a Ray Charles y Johnny Cash. Ahora, desde Cadillac Records y no contento con desmenuzar las andanzas de un solo personaje, la directora y guionista neoyorquina Darnell Martín la emprende con una especie de biografía coral en la que, junto al fundador del mítico sello discográfico Chess Records, Leonard Chess, se juntan nombres de jazz, el blues y el rock’n’roll tan vibrantres como los de Muddy Waters, Chuck Berry o la gran Etta James, entre otros.

La calidad musical de Cadillac Records es indiscutible. Los arreglos realizados por Terence Blanchard sobre los viejos temas que suenan en el film, son sencillamente espléndidos, resaltando, ante todo, aquellos que interpreta una impresionante Beyoncé Knowles metida, al cien por cien, en la piel y en la voz de la inconformista Etta James. La música negra de los 50 y 60, en pleno siglo XXI, sigue sonando a las mil maravillas. Y es que ellos fueron, sin lugar a dudas, los más grandes.

Darnell Martín, en su fervor, ha orquestado un bienintencionado homenaje a la gente que hizo posible ese sonido tan especial; un sonido que aún sigue en boga en la actualidad. Pero, en sus ansias por dar cobijo a un amplio colectivo de personajes, se le han quedado demasiados apuntes en el tintero. Dicen que quien mucho abarca, poco aprieta. Y efectivamente, remitiéndonos al dicho, en su múltiple propuesta termina precipitándose en la mayoría de temas que expone. Abre muchos argumentos. Y los cierra casi todos, aunque, por el camino, no perfila demasiado a sus protagonistas y, lo que es peor, falla en su nada coherente crescendo melodramático.

De hecho, Cadillac Records se centra inicialmente en las figuras de Leonard Chess y Muddy Waters, el fundador y la primera estrella de Chess Records respectivamente. Después, se olvida un tanto de ellos y apuesta por adornarlo con pequeñas e innecesarias anécdotas sobre algunos de los nombres adscritos a la discográfica, decantándose, en su parte final, por la (confusa) relación que se estableció entre Chess y Etta James. El blanco y el negro cara a cara. Adrien Brody y la citada Beyoncé Knowles. Dos interpretaciones sublimes, magníficas y al límite que, por sí solas, se convierten, junto a la música, en lo mejor de la irregular y fallida propuesta.

Y, entre tanta precipitación, Martin se olvida de profundizar en un apartado de lo más resbaladizo e interesante, justo aquel que hace referencia al hurto que se hizo de la música negra por parte de ciertos grupos rockeros que, a finales de los 60 y principios de los 70, empezaron a colarse en todos los hit parades. Cadillac Records esboza la situación pero, siguiendo la tónica general, se difumina en un abrir y cerrar de ojos.

Lo negro mola, sobretodo en cuestiones musicales. Pero ahora molará un poco más. Designios de la moda y la política. Lo negro, a buen seguro, tomará mucha solidez. Este sólo es el inicio. Falta pulir y dar consistencia. Todo se andará.

Ir al artículo original

Artículos relacionados

Leave a Reply

Comment